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Desmitificando a los sojeros del Paraguay (por favor, no pidan impuestos absurdos)

A lo largo de muchos años y hasta el día de hoy, en Paraguay se vino haciendo una campaña de diversos grupos de presión para atacar a la agricultura extensiva y mecanizada. Dentro de esa campaña, se fabrica una figura envilecida y despiadada, llamada “sojero”. Algunas de las personas quizás en su inocente pero peligrosa ignorancia, se dedican a desprestigiar y a tomar una posición furibunda y radical sobre los mal llamados sojeros, sin saber si quiera que son exactamente en la gran mayoría de las veces.

Cosechadora sobre campo de soja. Fuente: elagro.com.py
Para empezar a comprender y a distinguir quién es quién en el mundo agrícola (y no en el mundo fantasioso de los cabilderos y activistas), deben saber las personas a que se dedica cada uno en la cadena de la agricultura extensiva y mecanizada del Paraguay. En primer lugar, está el productor agropecuario en el primer eslabón de la cadena. Éste no sólo se dedica a plantar soja, sino también maíz y/o trigo durante el año, ya que el cultivo de primero es un cultivo de verano mientras que los otros son de invierno. Luego están los transportistas y los silos, que son los que se encargan de transportar los granos en el primer caso, y acumular y comercializar en el segundo caso. Las grandes multinacionales en este caso se encargan de comercializar los granos adquiridos, principalmente exportándolos en estado natural o se encargan de procesarlos en forma de harina o aceite. Las empresas más destacadas de entre estas multinacionales instaladas en Paraguay no se encargan de producir la soja.
En segundo lugar, se puede hablar acerca de las ganancias que hay por hectárea de soja en Paraguay. Un conocido intelectual y comunicador del Paraguay destacaba las “inmensas ganancias” que los productores de soja tenían, haciendo una aritmética de ingreso menos costo sobre el costo. Este concepto está totalmente errado si vamos a tener en cuenta que uno debe tener en cuenta las inversiones que debe realizar para poder generar dichas ganancias. En ese análisis no se tiene en cuesta el costo del alquiler de la tierra, o la inversión requerida para poder adquirir la tierra necesaria para plantar la soja. Porque usando semejante lógica podríamos decir que un chipero tiene ganancias exhorbitantes si vende chipa a 4000 guaraníes cada una y su costo medio (insumos para producir) por chipa es de 2000 guaraníes, teniendo una ganancia del 100%. Y no necesariamente con eso será un potentado millonario.
Al día de hoy, en números aproximados, los cultivos de soja rendirán 3000 kilos (3 toneladas) por hectárea. Una hectárea de tierra para cultivar soja en Paraguay puede estar en el orden de los 8000–15000 US$ (dependiendo de la zona en la que se encuentre), y la ganancia (si asumimos de forma simplista y rápida la resta de ingresos menos costo por hectárea) estaría por el orden de los 500 US$ en promedio. Eso significaría una ganancia que rondaría entre el 3%-6% de la inversión. Un CDA en un banco a un año de plazo actualmente puede pagar fácilmente por encima del 6% de interés sobre el monto en guaraníes.

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Además, cabe destacar que el productor sojero está sometido al régimen de IRAGRO (Impuesto a la Renta Agropecuaria). Pero cabe destacar que él no es el único que realmente está sujeto a este impuesto. Este impuesto, tal y como define la Ley 5061/13, alcanza también a aquellas personas que se dedican a la actividad ganadera, y a las que se dedican a la suinicultura, cunicultura, floricultura, sericultura, avicultura, apicultura y explotación forestal, siempre que sea explotado por el mismo productor, cuando el ingreso proveniente de éstas no superen el 30% de los ingresos del establecimiento rural. También el productor sojero está sometido al IVA compra y venta.
De esta manera, cuando muchos hablan del PIB agrícola del Paraguay, hablan que la participación en la economía total del país representa aproximadamente un 30%, muchos se olvidan que si tenemos en cuenta los ingresos que produce la soja anualmente, al día de hoy, vendiéndose a 320 US$ la tonelada de soja y con un rendimiento estimado en 3 toneladas por hectárea de las 3.300.000 hectáreas de soja plantadas en Paraguay, el PIB que genera sólo la soja es de 3.160 millones de US$ aproximadamente (alrededor del 10% del PIB nacional y un tercio del PIB agrícola). La soja no lo es todo en el sector, a pesar de tener una importante participación.
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Se destaca el hecho que el sector agrícola (en el cuál se le incluye por arrastre, sino se le destaca al productor sojero) para muy pocos impuestos con relación al sector industrial y servicios. Pero si nos ponemos a pensar, hasta hace unos pocos años (cuando existía el régimen de IMAGRO), cuando los productores sojeros no estaban sometidos al gravamen del IVA por la venta de la soja, todos los insumos que éstos adquirían (con un IVA del 10%), se imputan en sus estados contables como IVA crédito y las ventas que realizaban no se imputaban en el IVA débito (ya que el IVA era del 0% en la venta), quedando un crédito fiscal muy grande a su favor. Al momento de la liquidación del impuesto a la renta, el saldo que les correspondía pagar era poco, ya que todo lo que aportó en concepto de IVA crédito cuenta como una deducción. La diferencia que existe antes y después del IRAGRO es que hoy, cuando el productor sojero vende su producción con un IVA del 5%, en su contabilidad se imputa el IVA débito a un 5% y el IVA crédito en un 10%, quedándose con un crédito fiscal menor a su favor, y con un mayor impuesto a la renta, haciendo efectivo el pago del impuesto a la renta que le corresponde.
En las estadísticas tributarias recién allí, cuando se imputa el IVA débito a un 5% la tasa, el IRAGRO tiene una mayor participación entre los que aportan al fisco, pero eso no significa que los productores sojeros no pagaban impuestos antes. Al contrario, si lo hacían, pero quienes figuraban en las estadísticas como aportantes finales del IVA que pagaban en concepto de insumos y maquinarias eran los que se encargaban de comercializar éstos, no los productores sojeros. No en vano, pueden ver a las grandes empresas vendedoras de maquinarias y de insumos agrícolas entre los mayores aportantes al fisco (y no a los productores sojeros).
Algún ingenuo dirá que, como común mortal, él paga IVA por casi todo lo que compra. El productor sojero también lo hace, sin embargo, ninguno de los dos aparecen en las estadísticas tributarias. Quienes aparecen son las empresas de quienes éstos adquirieron productos como los mayores aportantes en concepto de IVA.
Otro mito muy difundido por las personas es que en Brasil, Argentina y Uruguay se pagaban onerosas cantidades de impuestos a la exportación de la soja y con eso consiguieron una industria floreciente. Lo cierto es que en Uruguay no existe ningún impuesto a la exportación de ningún producto , lo que permitió que después que se desate la crisis agropecuaria en Argentina en el año 2008, Uruguay se vuelva un lugar accesible para los productores argentinos para plantar soja. Además, nuestra condición de país mediterráneo y los altos costos de transporte internos por la deficiente infraestructura ya representan una carga bastante más alta para el productor sojero local a diferencia de sus pares argentinos, brasileños y hasta estadounidenses.

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También hay que tener en cuenta que en Argentina el impuesto a la exportación a las oleaginosas puesto en el año 2008 fue una medida para paliar las fluctuaciones de precios a la canasta básica por la fluctuación de los precios de los commodities. Pero como toda intervención en la economía, el resultado de sus políticas terminaron causando grandes estragos al sector agropecuario argentino. Así, el “yuyo”, como Cristina Fernández de Kirchner lo bautizó, es uno de los pilares tanto de la economía paraguaya como la de la economía argentina.
No cuenten los pollos antes que nazcan
En una de las fábulas del griego Esopo se comenta la historia de una lechera que planeaba vender leche para comprarse unas gallinas de cuyos huevos nacerán unos pollitos y así iba a seguir una espiral ascendente de rentabilidad hasta volverse una mujer muy próspera. Sus sueños se truncaron cuando su canasto de leche cayó con toda su producción lechera. De aquella fábula salió la lección de no contar los pollos antes que nazcan (si ni siquiera tenía gallinas la lechera).
Un economista paraguayo propuso cobrar impuestos a los productores sojeros mediante un drone que controlen cuanto es su superficie sembrada. Tal idea es similar a la lechera que ya flirteaba con la idea de su prosperidad a partir de la venta de su leche.
Para empezar, el precio de la soja está sometido a las fuerzas del mercado internacional (en el caso de la soja, la Bolsa de Chicago). El poder de mercado en Paraguay es bajo para formar precios. Y en ese sentido día a día, hora a hora, segundo a segundo, ese precio varía.
Presumir cuantos impuestos se recaudaran en base a la superficie sembrada también es querer presumir de forma irresponsable cuanto será la producción de la oleaginosa. Supongamos que al día siguiente que el drone sobrevuele la propiedad de un productor comienza una larga sequía, una larga inundación o una invasión de una plaga que afecten los cultivos y resulta que la producción estimada termina siendo mucho menor a lo que originalmente se estimó. Y supongamos que las cosechas en otros países tuvieron rendimientos tan espectaculares que hicieron que el precio de la soja caiga a nivel internacional. Entonces, ¿de donde quitará el productor sojero dinero para pagar el impuesto que fue estimado erróneamente por el fisco?
¿Que hacer?: No buscar soluciones demagógicas
En donde reinan la unión e igualdad, la igualdad ante la ley debe ser primordial. Buscar cobrar impuestos en base a lo que uno presume que uno tendrá es sencillamente un abuso. Los que habitamos en el Paraguay debemos ser conscientes que todos debemos pagar lo que corresponde a cada uno y no debe haber discriminación entre los rubros a los que se dedica cada persona.
Buscar cobrar impuestos al ingreso del sojero, chipero, ganadero, lavandero, camionero, curandero o la actividad que sea sólo por dedicarse a esa actividad es querer ejercer la fuerza de la ley en donde no corresponde, porque es reconocer ante la ley que todos deben recibir tratamiento distinto, cuando en una República la igualdad ante ella (y no el intento de hacerlo mediante la ley). Así, los impuestos que se deberían cobrar deben ser iguales para todos.
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PEDRO JUAN CABALLERO – PARAGUAY..

El absurdo de las presuntas externalidades negativas que realizan los cultivos de soja tampoco es una excusa válida para cobrar impuestos así como a uno se le antoja. Si una actividad causa externalidades negativas, debe estimarse cuánto es el verdadero daño. No cobrar en base a lo que su fe cree que es bueno.
Hasta ahora no se han hecho estudios que demuestren con seriedad y certeza los daños que causan los cultivos de soja. Si causaran enfermedades como exclaman algunos ambientalistas, los primeros en morir deberían ser los productores que viven en medio de sus cultivos. Y además, si realmente dejara la tierra inservible, no tendría sentido que hace más de 25 años los cultivos de soja estén presentes en el país.
Por eso es que debemos tomar conciencia que, en donde reina la unión e igualdad, somos todos los que debemos luchar para hacer de nuestra República un lugar donde podamos trabajar en paz y armonía. No buscar que otros carguen sobre sus espaldas algo con lo cuál no deberían de cargar.

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